Con la llegada de la NFL, el mayor espectáculo deportivo, audiovisual y económico del mundo, reconocimos de cerca un modelo con identidad propia basado en el interés común para el beneficio de todas las partes que componen el negocio. Aquí podríamos aplicar esa frase tan repetida y tan actual que dice que “El fútbol es un espectáculo mediocre en manos de gente brillante, y los toros son un espectáculo brillante en manos de gente mediocre”.
En el año 1999, cuando comenzaba mi andadura en el mundo del periodismo taurino, escuché una frase que me marcó pero que, entonces, no alcancé a darle la importancia que tenía: “O nos unimos todos este invierno para remar en la misma dirección o esto se nos va de las manos”. Me sonaba a ultimátum. Pues bien, 26 años después seguimos en la misma línea de intereses cruzados y remando a contracorriente.
En mis muchos años ejerciendo mi profesión como periodista y en mi afán de promocionar la tauromaquia he tenido la oportunidad de reunirme con consejeros delegados de poderosos grupos de comunicación a nivel internacional.
Nunca olvidaré la respuesta de un alto directivo en una de esas reuniones: “Tal y como me vendes la tauromaquia, nos interesa como espectáculo televisivo”. El problema vino, a continuación, cuando me preguntó que quién era el responsable de la tauromaquia en España, apelando a la organización, responsabilidad y derechos de imagen, entre otras cosas.
Me explico, presidente de la FIFA, hay uno, Gianni Infantino; presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin; presidente de la LFP, Javier Tebas; y presidente de la RFEF, Rafael Louzán.
Ellos, junto con su equipo, son los únicos interlocutores y los responsables de las negociaciones. Igual ocurre en el tenis, el golf, la fórmula 1 y las motos, por ejemplo.
En los toros, le dije, tienes 5 asociaciones de ganaderos de reses bravas, 2 asociaciones de banderilleros, una de matadores de toros, 2 de empresarios, y entre todas ellas, pensé yo para mí, no hay consenso porque cada una mira por sus intereses, que suelen ser contrarios a los del otro, en lugar de mirar por el interés general del espectáculo.
La respuesta no se hizo esperar y me cayó como un jarro de agua fría: “cuando haya un único interlocutor y responsable máximo, me llamas”. De eso han pasado 10 años aproximadamente y aquí seguimos, intentando solucionar los problemas de la tauromaquia este invierno a modo de ultimátum.
He apelado a las distintas organizaciones que representan a los diferentes sectores de la tauromaquia pero también podía hablar de intereses cruzados y enfrentados entre los veedores del torero y de la empresa, o bien empresarios que a la vez son apoderados y ganaderos y que cambian cromos de toreros sin tener en cuenta los méritos cosechados por los toreros en las plazas sino buscando un pacto de no agresión para tener la espalda cubierta y la temporada resuelta en los despachos en el mes de diciembre y enero, meses en los que presumiblemente se debería estar buscando el interés general de la fiesta.
Otro día hablaremos de los costes de producción del espectáculo pero cómo puede ser que abrir la plaza de toros de Las Ventas una tarde, sin toros ni toreros, suponga un coste de 80.000€? ¿Cómo es posible que el empresario de la misma reconozca que la plaza de toros de Madrid genere pérdidas en una tarde de lleno de “no hay billetes” con tres figuras y una ganadería de postín?
Mucho tenemos que aprender de la NFL.
Hoy mi columna va de recuerdos y frases y con una más termino: “si la tauromaquia fuera de los estadounidenses sería el mayor espectáculo del mundo”
Foto: Alfredo Arévalo

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