Hablar de «Memorias del campo bravo: cien años de fotografía inédita» es recordar a quienes hicieron posible que el toro bravo forme parte esencial de nuestra identidad.
Una obra, en dos volúmenes, que es un archivo vivo. En sus páginas, la memoria del campo se despliega como un tapiz hecho de instantes detenidos. Son fotografías rescatadas del olvido, imágenes que han dormido en baúles, cajones y estancias familiares, y que hoy regresan a la luz como si la memoria las reclamara de nuevo.

Cada fotografía es un suspiro del tiempo: un vaquero al amanecer, un tentadero con sabor añejo, una mirada de toro que parece atravesar décadas. En ellas descubrimos no sólo la dureza del trabajo, sino también su belleza silenciosa; esa forma de convivir con el animal que solo entiende quien ha visto el campo bravo desde dentro, con respeto y con oficio.
El toro, protagonista indiscutible de esta plaza, aparece en estas imágenes tal como ha sido siempre: altivo, misterioso, dueño y guardián de la dehesa. Un animal que, más que criado, es custodiado. Un símbolo que ha dado forma al alma cultural de España.
Pero el libro no solo nos habla de cultura: nos habla también de arte en su expresión más pura. Quien observe estas fotografías descubrirá que muchos de esos autores anónimos supieron atrapar, sin pretenderlo, una poesía natural: la composición de un caballo apartando, la sombra que dibuja un natural en tarde de tentadero, la nobleza del toro avanzando por las marismas, la estampa inigualable de ganaderos a caballo y de toreros legendarios…
Son imágenes que, al proyectarse hoy en nuestra mirada, parecen hermanarse con los lienzos, los grabados y las esculturas que durante siglos han encontrado inspiración en el toro bravo y en estas mismas dehesas de nuestra piel de toro.
Y no podemos olvidar la dimensión ecológica que estas fotografías revelan. El toro bravo no sólo sostiene una tradición; sostiene un territorio.
Gracias a él sobreviven nuestras dehesas, esos paisajes únicos donde la vida se equilibra entre encinas, pastos y manantiales. En las fotos antiguas vemos un ecosistema que ha resistido, precisamente porque la crianza del toro ha obligado a conservar la tierra, a mantenerla viva, abierta, diversa. La historia del toro bravo es también la historia de la defensa del paisaje mediterráneo, ibérico y español.

En el rescate de estas imágenes hay algo profundamente necesario. No es nostalgia: es justicia. Es devolver al presente la memoria de quienes hicieron del campo bravo una forma de vida y una herencia.
Es reconocer el valor de esas faenas silenciosas, de esas manos que enlazaban tradición y esfuerzo sin imaginar que un día sus gestos serían historia. «Memorias del campo bravo» nos ofrece, página tras página, la posibilidad de mirar de frente a un siglo entero de cultura, arte, trabajo y naturaleza.
Que estas fotografías, rescatadas del tiempo, nos recuerden que el toro bravo no es solo parte de nuestro pasado, sino también un compromiso con nuestro futuro: con la cultura que defendemos, con el arte que nos define y con la tierra que debemos preservar.
Joselito El Gallo, Ignacio Sánchez-Mejías, Manuel Rodríguez «Manolete», Pepe Luis Vázquez o el maestro Antonio Ordóñez, vuelven a cobrar vida en las páginas de estas memorias (Volumen I y II) que tan brillantemente ha plasmado Mariana Gasset y la editorial «Verso suelto».
«Memorias del campo bravo» se puede adquirir a través de la tienda de OneToro TV pinchando este enlace. Es un homenaje no sólo a los ganaderos, sino al mundo rural que forma parte esencial de la identidad de España. Al cerrar sus páginas entendemos que sigue vivo el hilo del toreo y del campo, ése que une a los que ya no están como los que seguimos caminando por tierras de marisma, campiña y dehesa. Un hilo hecho de respeto, de tiempo y de memoria.

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