Acho, 260 años después: cómo se salva una plaza cuando el casero deja de asfixiarla

por | 19/10/2026

Mientras en otros países de Hispanoamérica la tauromaquia retrocede entre prohibiciones políticas y desidia empresarial, Perú camina en dirección contraria. En el país se celebran más de 700 corridas al año y más de cuatro millones y medio de peruanos llenan centenares de recintos a lo largo y ancho del país, según las estadísticas divulgadas en el diario El Comercio por Pablo Gómez-Debarbieri. El país andino tiene 280 plazas de toros, frente a 80 estadios de fútbol. 

El motor de ese auge no está en Lima, sino en el interior andino. Las provincias de Cutervo y Chota, en Cajamarca, son las más taurinas del país, y en Áncash San Marcos, Huari y Ticapampa cuentan con enormes plazas de toros. La plaza El Vizcaíno de Chota, con capacidad para 12.000 espectadores, cuelga el “no hay billetes” durante sus festejos de finales de junio. El fenómeno se ha trasladado incluso a distintos barrios de la capital, donde en zonas de Lima Norte o Lima Sur se inauguran cosos como Yawar Toro, Mamara o Torokuna, donde se celebran decenas de corridas cada año. 

Las ferias de Chota y Cutervo, que antes se nutrían de toreros de segundo nivel o aficionados, cuentan ahora con la presencia de matadores españoles de primera línea. El propio Perú ha alumbrado a una de las máximas figuras de nuestro tiempo, como es Roca Rey, y ha lanzado asimismo a un sólido y respetado matador como Joaquín Galdós. 

Una joya histórica con un problema crónico

En ese contexto de bonanza, la gran anomalía de los últimos años ha sido Acho. La plaza del Rímac, inaugurada en 1766, es la decana del continente y la más destacada de las plazas oficiales del Perú, con un aforo cercano a los 14.000 espectadores. Su propietaria es la Sociedad de Beneficencia de Lima, y ciertamente su gestión reciente ha tenido mucho que ver con los problemas del recinto. 

La historia empresarial de Acho en las últimas décadas ha sido un rosario de crisis. Tras décadas de subarriendos, el primer fiasco empresarial llegó en 1981, y desde entonces la plaza ha pasado por un sinfín de gestores, lastrada por numerosas licitaciones fallidas y ferias improvisadas en medio de la emergencia y la incertidumbre. A partir de 2011 la crisis se agravó porque la Beneficencia cambiaba las bases año a año, sin continuidad. La década pasada propició el desembarco de la ecuatoriana Citotusa y la mexicana Casa Toreros, pero estos experimentos tampoco funcionaron. ¿Por qué tantos vaivenes? De forma recurrente, la Sociedad de Beneficencia de Lima insistió en plantear el manejo de la plaza cobrando elevados cánones de arrendamiento, con cláusulas leoninas y montos exagerados que dejaban las cuentas de la feria en rojo. 

Según el historiador taurino Jaime de Rivero, durante más de diez años la Beneficencia exigió un arrendamiento equivalente al 35% de los ingresos. Si a eso se suman el impuesto municipal, del 10%, y el tributo equivalente a nuestro IVA, del 18%, la empresa disponía de menos de la mitad de los ingresos de taquilla a la hora de montar las ferias. El resultado era previsible: entradas carísimas que convertían a Acho en la plaza más cara del mundo, con precios que duplicaban los que se pagan en Europa. Una barrera de sol en Acho costaba un 200% más que en la Real Maestranza de Sevilla.  

Quienes nos dedicamos a la economía diríamos que lo ocurrido en Lima era algo así como la Curva de Laffer, pero aplicada a una plaza de toros. Igual que algunos impuestos son tan altos que acaban recaudando menos debido a la ruina económica que causan, en la plaza de la capital peruana se exigían pagos regulados tan abultados que la taquilla que debía mantener en pie las ferias acababa “seca”. Si el alquiler exigido por el casero se queda con un porcentaje excesivo de la renta del inquilino, tarde o temprano éste terminará dejando el piso…

El giro de Tito Fernández

En 2024, con la plaza en una situación límite, la propiedad admitió al fin la necesidad de replantear las cosas. Ante el riesgo de que no hubiera feria, aceptó que no era posible seguir exigiendo el 35% de los ingresos. Augusto Tito Fernández tomó las riendas de Acho con el aval de su gestión en otra plaza limeña, La Esperanza, así como en distintas ferias del interior del país. “El amor de mi vida es Acho”, confesó ilusionado ante la oportunidad que recibió, pero encontrar el equilibrio financiero no iba a ser fácil. 

Fernández apostó por bajar precios para trasladar el descuento ofrecido por la propiedad al bolsillo de los aficionados. Negoció también un descuento con la empresa que se encargaba de la venta de entradas por internet, reduciendo así la comisión que paga el público por hacerse con los boletos en línea. Además, concentró la programación en tres fines de semana y enriqueció la previa de los festejos con música, gastronomía y ambiente. Con la encerrona de Roca Rey por sus diez años de alternativa, la empresa logró duplicar los abonos y dos tardes de “no hay billetes”, un hito que no se daba desde hacía medio siglo. 

La Feria del Señor de los Milagros 2026, que arranca el 17 de octubre, parte con el mejor bagaje de venta de abonos en muchas décadas. A una semana del paseíllo inaugural, el número de socios supera ya los 8.000 abonados, lo que coloca a Acho como la tercera plaza del mundo en número de abonados, solo por detrás de Las Ventas y Pamplona. El ciclo incluye una novillada y cinco corridas que se celebrarán el 17 de octubre y el 1 de noviembre, con seis ganaderías, cinco de ellas españolas, y presencia de primeros espadas con Manzanares, Talavante, Roca Rey y Galdós. Galdós, además, celebra sus diez años de alternativa con una tarde ante toros de Victorino Martín. 

Las claves del éxito

Primero, un canon que no confisca. La lección central de Acho es fiscal: la Beneficencia ingresa más con un porcentaje razonable sobre una plaza llena que con un 35% sobre una plaza vacía o cerrada. Ya en 2016 se advertía desde El Comercio que el afán recaudador de la Beneficencia estaba matando a su propia gallina de los huevos de oro. 

Segundo, precios accesibles y una política de cantera de público. Rebajas generales, descuentos para jóvenes y jubilados y ahora el Abono Joven, orientado a atraer nuevos públicos. Fernández asumió desde el principio que la feria estaba diseñada, por un tema de costes, para tener muchos abonados: volumen antes que margen. 

Tercero, Roca Rey. Contar con el número uno del escalafón es un activo que ninguna otra plaza americana tiene. El peruano ha revolucionado la fiesta también en los tendidos, atrayendo a gente joven y niños. Y su entorno ha sido parte de la solución: Fernández contó con el compromiso de Roca Rey para ayudar a la feria, lo que fue clave para negociar los honorarios de los matadores. 

Etiquetas:
Acho Actualidad Lima Perú Tauromaquia
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