Ganaderos del siglo XXI

por | 19/01/2026

El toro más bravo de la Historia es el que se lidia en la actualidad. También es el mejor presentado que han visto los tiempos. Cuando se ven imágenes antiguas, surge la evidencia de que el toro actual es el mejor que ha existido. El lamento por el toro de antaño, hace tiempo que no tiene ningún sentido. El cambio a mejor que ha dado el toro en estos últimos 25 años, es impresionante. Recuerdo muy bien al toro de mi juventud, el que se lidiaba en los años ochenta y noventa del siglo pasado. Se paraba muchísimo y se caía muchísimo más. En una feria de Sevilla, a lo mejor sólo se cortaban tres orejas porque se iban al suelo todas las corridas. Los festejos en Madrid eran un suplicio, en el que todas las tardes se lidiaban dos o tres sobreros, a veces más. La preocupación de profesionales y aficionados era tremenda. Y el lamento por los tiempos ya idos, era permanente.

Cuarenta años después, el panorama es completamente distinto. En una Feria de San Isidro que dura un mes, salen tres o cuatro sobreros, no más, porque es muy raro que se caigan los toros. A pesar de una durísima suerte de varas, los toros se mueven mucho y todas las tardes salen un par de toros de gran calidad, ofreciendo un gran triunfo a su matador. Ahora el problema está en que el matador de turno no suele aprovechar el triunfo que el toro le pone en bandeja. Es evidente que con el toro que se caía o se paraba, el torero mediocre se tapaba mejor. Mientras que ahora, hay que ser muy buen torero para estar a la altura de un toro muy serio, pero que además embiste mucho, y con bravura y calidad. 

Los responsables de este gran cambio, los responsables de este gran toro, son los ganaderos que lo crían. Porque en estos últimos años ha tenido lugar una auténtica revolución en la mentalidad de los ganaderos. Hasta hace no mucho, los criterios de los ganaderos eran fundamentalmente consuetudinarios e intuitivos. Hacían lo que se venía haciendo por costumbre o lo que les insinuaba su intuición. Sin embargo, en estos últimos años, estos criterios primitivos han sido sustituidos por criterios científicos. La ciencia ha entrado en las ganaderías, y los resultados han sido espectaculares.

Se ha demostrado que la sanidad, la alimentación y el manejo, son tan importantes como la selección. Que el toro esté sano y fuerte, es tan importante como su genética. Nunca como ahora las ganaderías han estado tan sanas, cuando hasta hace pocos años había muchas enfermas. Además, se sabe que es lo que el toro debe comer para estar fuerte, y se les ejercita en el campo como si fuesen atletas. En muy poco tiempo, las prestaciones del toro en el ruedo, han sido muy buenas. La colaboración de veterinarios y nutricionistas con el ganadero, ha sido fundamental para obtener estos logros.  Llama la atención también el altísimo porcentaje de fecundidad que se ha obtenido en las vacas, que ahora paren casi todas y todos los años. Se ha conseguido otra cosa impensable hace poco tiempo, el trapío espectacular de la mayor parte de los toros de la camada, lo que permite lidiar casi todos en plazas de primera categoría. 

En paralelo a todas estas mejoras, también se ha avanzado mucho en los criterios de selección. Hace poco me comentaba un matador veterano, que antes iba a las tientas a pasar el rato con becerras inofensivas; pero de unos años a esta parte, en los tentaderos tiene que hacer un esfuerzo de lo que embisten y repiten las becerras. Por supuesto, en todas partes no es igual. Pero sí que es verdad, que es muy habitual ver esa becerra incansable que embiste doscientas veces y no se raja nunca. El nivel es muy alto. Esto se debe a que desde hace cuarenta años se están aplicando buenos criterios selectivos. Se ha buscado la movilidad y la capacidad de lucha hasta el final, y se ha acertado. Esta becerra es la madre de ese gran toro que a pesar de su enorme volumen y de la sangría en varas, embiste sin dudarlo hasta la muerte. Sí que es cierto, que en estos últimos tiempos percibo algunos síntomas preocupantes, como el desinterés por lo que hace la becerra en el caballo, lo que puede derivar en mansedumbre; y la búsqueda insistente de la clase sin fijarse en nada más, lo que puede derivar en flojedad. Pero dejando a un lado mis temores, es obligado reconocer que la selección en la mayoría de las ganaderías en estos últimos cuarenta años, se ha hecho muy bien. El cambio de mentalidad de muchos ganaderos, que dejaron de buscar la colaboración boba, para buscar la bravura, ha tenido excelentes frutos.

Ahora quiero recordar la figura de un ganadero ejemplar, Álvaro Domecq y Díez. Cuando yo era un niño, las corridas de Torrestrella, su ganadería, me encantaban. En primer lugar, por su seriedad y pelajes variopintos, y en segundo lugar por su bravura encastada. Una bravura encastada que tanto se echaba en falta por aquellos años. Además de un gusto exquisito con respecto a la presentación de sus toros, y un gran criterio como seleccionador, Álvaro Domecq tuvo una enorme inquietud por el toro del futuro. Puso su ganadería a disposición de veterinarios y científicos para que experimentaran sobre las caídas, la alimentación, la fertilidad… Fue un ganadero inconformista, con un enorme afán de superación y mejora. Fue un adelantado a su tiempo, que supo ver con mucha clarividencia como debía ser el toro del futuro. Y se puso a buscarlo inmediatamente. En este sentido, su libro “El toro bravo”, publicado en 1985, es absolutamente indispensable, un libro fundamental de la literatura taurina, que marca las directrices y enseña el camino a los ganaderos del futuro. Muchos han seguidos sus enseñanzas y son sus superadores. 

La Fiesta de los Toros está en deuda con los ganaderos actuales. Ellos han sido los que han soportado las distintas crisis económicas por las que ha pasado la Fiesta en los últimos años. Han hecho enormes esfuerzos financieros para mantener sus ganaderías y conservar al toro, base de la Fiesta. El sector nunca lo ha agradecido. Además, han conseguido un toro extraordinario, el mejor que se ha conocido. Los ganaderos del siglo XXI pasarán a la Historia con los mismos laureles que los ganaderos fundacionales o los creadores de los encastes modernos. Porque cuando se abandonaron los criterios tradicionales y se aplicó la ciencia, la cría del toro dio un paso de gigante. Y es obligado reconocer y agradecer lo conseguido.

Etiquetas:
Domingo Delgado de la Cámara Ganaderías Ganaderos Opinión Toro Bravo
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