Antonio Ferrera (Bunyola, 1978) suma 30 años de alternativa y en sus piernas pueden verse las cicatrices unas encima de las otras; así que hoy le han enviado un mensaje que venía a decir que ya no tiene sitio para más, que se marche. Me extrañaría, no obstante, que le hiciera caso a los emisarios, que no sé si andaban por Castellón o por Salamanca. El que es rebelde lo es hasta la muerte.
Porque, en efecto, Ferrera es un torero que nunca se rinde. Fíjense como será su capacidad de resistencia, que le llamaban “Ferrari” por lo eléctrico y vertiginoso de su toreo en sus años mozos y terminó llevándose el premio a la mejor faena de la temporada en Sevilla tras lidiar a un victorino; o cortando tres orejas en Madrid después de una enorme tarde de toros con reses de Zalduendo. Con 15 años de alternativa yo pensaba que su carrera estaba resuelta, que lo había dicho todo en el toreo, pero no. Evolucionó hacia una tauromaquia más reposada, incluso apuntando muy buen gusto en ciertos momentos. Fueron sus mejores años, con presencia continua en todas las ferias, hasta que el sistema decidió que su nombre estaba más que amortizado, y que era preferible mantener la distancia frente a un personaje díscolo y temperamental, con más de un cable pelado. La estrambótica carta con la que anunció que mataba seis toros de Miura en Pamplona fue la confirmación (por escrito) de que este hombre no tenía soldadura.
Sucede que incluso apartado de las ferias, cada vez que ha podido ha montado la de Dios. La nueva versión de Ferrera, de un tiempo a esta parte, es excentricidad pura, con pases extrañísimos, capotes verde rana y brindis para los que marinea por los tendidos hasta dar con el homenajeado. Pero no perdamos la perspectiva: detrás de toda esa parafernalia, nos hallamos ante un torero intachable.
Espiritualmente, tengo la sensación de que está sostenido por México, un país que es como la tauromaquia de Antonio, pasional. Hay un puñado de faenas memorables en tierras americanas. Y en España, así de repente, recuerdo que mató una de Cuadri en Madrid en 2024 y fue capaz hasta de cortarle la oreja a un torazo que daba susto. Que se las vio con Roca Rey en Cáceres en 2025 y se lo llevó por delante sin remisión. Y que puesto en la corrida de La Quinta en Castellón en la feria de este año que ahora concluye, se entretuvo en indultar al cuarto de la tarde, de nombre “Ruiseñor”, después de una faena tremenda, visceral, imaginativa, apasionada. Ferrerista pura.
Hechos públicos los carteles de la Feria de la Magdalena de 2026, desconozco los motivos por los cuales no aparece en los mismos. Siendo sangrante su ausencia (los triunfos hay que respetarlos sin mirar el almanaque), mucho más doloroso es el hecho de que nadie, absolutamente nadie, haya preguntado por este torero al que ya no le caben más cicatrices en su cuerpo. Las de los despachos también hay que contarlas.

Volver






