La feria taurina de Valdemorillo fue creada por José Partida, un alcalde muy aficionado, a principios de los años ochenta. Gracias a su impulso, se pasó de un par de novilladas sin caballos por las fiestas patronales, a una feria de una semana, integrada por corridas de toros muy serias y duras; y novilladas con picadores toreadas por los novilleros más punteros. La feria se celebraba en una plaza portátil con temperaturas siberianas, nevadas incluidas. Desde hace veinte años tenemos una buena plaza cubierta y con calefacción, lo que se agradece porque con el mal tiempo que ha hecho este año, al descubierto lo hubiésemos pasado fatal.
También, desde que existe la plaza cubierta, ha cambiado la filosofía de la feria. Ahora es más corta y con toreros de postín. De la semana hemos pasado a tres días, y del torazo al becerro. A este respecto la corrida de Torrealta que cerró la feria, fue inadmisible. Estaba muy por debajo del mínimo exigible en un festejo anunciado como corrida de toros. Y es que los taurinos siempre tropiezan en la misma piedra, quieren cuidar tanto a sus toreros, que al final arruinan la fiesta. Para colmo de males, los Torrealta estaban completamente inválidos. Un público santo aguantó estoicamente la sucesión de novilletes inválidos. Hace cincuenta años se hubiera armado la de San Quintín. Uceda Leal y Pablo Aguado dejaron buenos detalles ante toros que no se tenían en pie. El único toro con fuerza fue el quinto de la tarde, que además era algo más serio que sus hermanos. Juan Ortega le cortó las dos orejas con una faena plagada de muletazos bellos y profundos. Sí que es cierto que hubo enganchones, pero el toro siempre se defendía al final del muletazo y no aceptaba que se le citara en corto. El principio y el final de la faena fueron muy buenos.
El sábado tuvimos un mano a mano entre Borja Jiménez y Tomás Rufo. Borja estaba en la boca de toros los aficionados por haber invitado a Roca Rey a torear con él los victorinos en la Feria de Otoño madrileña. Vamos a ver si el peruano recoge el guante. Borja se mostró como un torero completamente en sazón. Su primero, fue un toro de mucha clase de la ganadería del Niño de la Capea. Le cuajó toreando muy despacio y con mucha profundidad. Y le mató al primer envite. Pero sólo le dieron una oreja. Es evidente que matar al primero de la tarde supone un hándicap, es muy difícil cortarle dos orejas. Por eso en cuanto pueden, imponen a un compañero por delante. Estuvo muy por encima del soso toro de Matilla lidiado en tercer lugar. El quinto de la tarde fue un toro terciado, pero muy encastado, de Fuente Ymbro. Borja le dominó con autoridad y después se dio un arrimón tremendo. Perdió las orejas por la espada. Este es su punto débil. Tiene por delante una temporada trascendental, con una corrida en solitario en Madrid. Pero debe resolver el problema de la espada. En Valdemorillo pudo cortar hasta cuatro orejas, y la cosecha quedó en una.
Tomás Rufo se enfrentó a un gran toro de Fuente Ymbro lidiado en cuarto lugar. El toro no era fácil porque no era tonto. Había que tragarle al principio del muletazo y llevarle hasta el final, y entonces se entregaba. La faena fue algo desigual, pero con una gran serie con la mano izquierda. Rufo cortó una oreja a un toro de dos. Antes había toreado bien a un torito del Capea, hasta que se rajó. Se esforzó en alargar los muletazos del sexto toro de Matilla, muy descastado. Rufo también falló mucho a espadas. Por su concepto del toreo, es un torero al que merece la pena esperar.
Novillada con triunfo de Samuel Castrejón
Para abrir feria, el viernes tuvimos novillada. Una novillada de seis novillos para seis novilleros. Parece ser que había que cumplir con muchos compromisos. Esto hizo que el cartel fuese desigual, con muchachos que apetece ver por su proyección; pero también con muchachos de escaso interés y nula proyección. Novillada chica y mal presentada de Jiménez Pasquau, que se dejó torear, siendo quinto y sexto los mejores.
Félix San Román, impecablemente vestido de tabaco y oro, hizo lo que pudo delante de uno de los mejores novillos del festejo. Él sabe que esta no es su lucha, simplemente está cumpliendo una ilusión. Álvaro Serrano estuvo muy bullidor delante de un novillo con posibilidades, al que cortó una oreja amable. Tiene que asentarse más e intentar hacer las cosas más despacio. Sergio Rollón reapareció después de la tremenda cogida del verano pasado, que a punto estuvo de costarle la vida. Estuvo más que digno ante el novillo más serio y con más genio del festejo. Dio la vuelta al ruedo.
Julio Méndez toreó bien con capote y muleta al tercero de la tarde. Hizo todo despacio. Además, mató muy bien. Cortó una oreja que pudieron ser dos. La escasa presencia del novillo deslució su actuación. Samuel Castrejón debutó con picadores y cortó dos orejas a un buen novillo, al que exageradamente se le dio la vuelta al ruedo. Castrejón tiene una estética deslumbrante, artista y vertical a la vez. Sus muletazos son truenos que estremecen al tendido. Tiene mucho gusto y personalidad. Ahora debe esforzarse por dar más hondura y largura al muletazo. La estética está excelentemente conseguida, ahora hay que profundizar. Por su estética y personalidad, Castrejón es un novillero del máximo interés. Ví por primera vez al catalán Mario Vilau, y me gustó mucho. No es un artista, pero tiene trazas de gran muletero. Corre muy bien la mano y liga muy bien los muletazos. Construye muy bien las faenas, dominando a la vez el toreo en redondo y los alardes de valor. Cuajó al novillo con autoridad. Mostró gran proyección de futuro. La oreja que cortó fue de mucho peso.
Por las circunstancias económicas en las que se desenvuelve hoy España, quizá lo aconsejable sea una feria corta. Y también quizá sea necesaria la presencia de las figuras para atraer a un público que llenó la plaza. Pero el tema toro hay que revisarlo, porque una corrida como la del domingo, no debería volver a repetirse.

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