Este último fin de semana, los abonados de Onetoro han podido disfrutar del certamen Kilómetro cero, retransmitido desde Valdemorillo. Se trata de una iniciativa de la Comunidad de Madrid y la Fundación Toro de Lidia para promocionar a los novilleros sin caballos, lo cual está muy bien. Para esta cuarta edición se sustituyó la plaza de Vistalegre por la de Valdemorillo, todo un acierto por tratarse de un coso mucho más luminoso y recogido. El ambiente ha sido excelente, con una público entendido y receptivo, que ha disfrutado del buen toreo ofrecido por los actuantes.
Pero antes de disertar sobre las posibilidades de los novilleros que han actuado, es obligado hacer un breve comentario de las deficiencias detectadas. Está muy bien promocionar las ganaderías de la Comunidad de Madrid, pero siempre que embistan y los novillos salgan buenos. Anunciar ganaderías de juego dudoso, sólo porque son madrileñas, supone quitar una oportunidad al novillero que tiene la mala suerte de enfrentarse a ellas. Por otro lado, en festejos en los que participan seis novilleros, no tiene sentido anunciar dos ganaderías diferentes. Lo suyo sería anunciar reses de una única ganadería para que la suerte esté más equilibrada. Por último, hay que decir que se han lidiado animales que más que novillos, eran becerros. Las reses a lidiar deben tener un mínimo de seriedad para que lo que hagan los novilleros tenga importancia y conecte con el tendido. En próximas ediciones los novillos deberían ser algo más serios y la novilladas más parejas, sin los desniveles que hemos visto este año.
𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐨𝐯𝐢𝐥𝐥𝐚𝐝𝐚𝐬
— OneToroTV (@OneToroTV) March 2, 2026
Así fue la tarde de toros en Valdemorillo con la que se puso fin a la cuarta edición del Kilómetro Cero
🏆 Se coronaron Rodrigo Cobo, como mejor novillero, y de Flor de Jara, como mejor… pic.twitter.com/kQ9T5Zi9cv
La novillada final fue un espectáculo extraordinario gracias al gran juego de los novillos de Flor de Jara y Machamona, dos ganaderías de la línea Buendía del encaste Santa Coloma. Se dio al premio a Flor de Jara, pero el ganadero Daniel Aragón, en un detalle de gran categoría personal, compartió el premio con la otra ganadería. Y fue de justicia, porque ambas dieron un juego sensacional. Todo un compendio de casta, bravura y buena clase. El resto de las ganaderías lidiadas en el certamen, eran de sangre Domecq. Hubo un novillo excelente de Cerro Longo. Los de Guerrero y Carpintero, no tuvieron demasiada clase pero se dejaron torear sin dificultad. De los novillos lidiados el primer día, los de Ginés Bartolomé tuvieron muy buena condición pero les lastró la poca fuerza. Y los de las hermanas Ortega, fueron malos sin paliativos, una dura prueba para los muchachos que se enfrentaron a ellos, y que estuvieron muy por encima de tanta mansedumbre y malignidad.

A la hora de hablar de los novilleros, vamos a empezar por los que no se clasificaron para la final. El mexicano Jacob Robledo todavía está muy nuevo, lo que mejor hizo fue matar. Rodrigo Villalón, alicantino, poco pudo hacer con un choto que estuvo más tiempo en el suelo que de pie. A José Antonio de Gracia, de Pozoblanco, le perjudicó abrir el certamen y no matar bien, pero corre la mano con cierta cadencia. Pedro Gómez se peleó con raza y valor con uno de los infumables novillos de hermanas Ortega, mereció mejor suerte. El albaceteño Gabriel Segura se enfrentó a un tío de Cerro Longo, el novillo más serio del certamen. Le echó mucha casta y siempre se vino arriba después de cada volteretón. Se ganó el respeto de todos. El jurado calificador actuó con bastante acierto, pero creo que debía haber metido en la final a Raúl Caamaño, de Toledo. Se las vió con uno de hermanas Ortega muy pegajoso y difícil. No volvió la cara nunca con él, y le robó muletazos muy buenos, llenos de suavidad y buen estilo. Tiene un concepto sencillo y vertical que no se ve hoy en día. Hay que volverle a ver.
Y ahora vamos con los finalistas. Todos tuvieron un novillo de Santa Coloma para triunfar, astados ideales para una final. El sevillano Armando Rojo quiere torear con arte y sentimiento, pero tiene que componer la figura con más naturalidad e intentar hacer las cosas más despacio. Jaime de Pedro, de Granada, tiene empaque y buen gusto. Cuando se quiso relajar, la casta del novillo se lo impidió. Pero cuando corrió la mano y llevó la embestida hasta el final, consiguió dos buenas series de naturales. César de Juste cortó una oreja después de una buena estocada. Toreó con limpieza a un novillo muy bueno, quizá le falte algo de rotundidad.

Rubén Vara, madrileño, es hijo del matador de toros Javier Sánchez Vara. Su aspecto juvenil, casi infantil, hace que el público se ponga pronto de su parte. Y el público termina de decantarse a su favor, cuando ve ese derroche de entrega y ganas de agradar. El viernes le tocó un novillo criminal de hermanas Ortega, muy serio, muy bronco y muy manso. Fue capaz de banderillearle y después se dobló bien con él y le robó muletazos sorteando los arreones destemplados del manso. Se tiró decidido a matar y cortó dos orejas en medio del clamor. Esta hazaña le metió en la final. El novillo de la final fue bueno. Le toreó bien de capa en el recibo, empezó la faena de rodillas muy bien, y después corrió la mano con limpieza. Se trataba del último novillo de la tarde y tenía en la mano llevarse la final, pero lo mató muy mal y se escapó el triunfo. Una pena.
El valenciano Israel Guirao no ha ganado el certamen por haber tenido mala suerte con la espada, pero es el novillero que ha mostrado más oficio y proyección. Tiene que debutar con picadores en cuanto antes, porque los erales le vienen muy pequeños. Su actuación puede calificarse como impecable. Al novillo de la semifinal le toreó de forma irreprochable. Un trasteo sin ningún altibajo. Una lección de buen gusto, cadencia y ligazón. Guirao lo tiene todo: valor, cabeza y buen concepto. Toreó muy despacio, acariciando la embestida y además con ajuste. Cortó dos orejas indiscutibles. En la final le tocó el único novillo de Santa Coloma con exigencias. Las dificultades del novillo no se vieron, por la enorme técnica del torero, que supo llevar la embestida hacia adelante, haciendo un faenón redondo y pletórico. Pero una estocada atravesada, un pinchazo y otra estocada, le quitaron el premio. No importa porque todo el mundo lo ha visto. Su proyección es enorme. Puede llegar a ser un torero muy importante.
Rodrigo Cobo, de la escuela de Colmenar Viejo, se alzó como triunfador del certamen. Creo que el jurado obró con justicia, porque Cobo ha estado muy bien, ha apuntado un toreo de gran calidad y ha matado como es debido. Es muy alto, pero no tiene el desaliño ni el desgarbo de los toreros altos, todo lo contrario, tiene mucha clase. Apuntó algunas verónicas excelentes, toreó bien al natural y los ayudados tuvieron categoría. Además, mató bien a un novillo de gran clase de Machamona. En certámenes como este, el buen uso de la espada es fundamental. Y así debe ser porque se trata de la suerte suprema. La suma de buen toreo y buen uso de la espada, hizo que Rodrigo Cobo fuese el triunfador. Este triunfo le va a servir para torear mucho este año y darse a conocer. Enhorabuena.

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