El disparatado pliego de la plaza de toros de Zaragoza: cifras clave y precedentes alarmantes

por | 05/03/2026

El nuevo pliego de Zaragoza nace con un problema de origen: confunde control con rigidez y termina construyendo un corsé que reduce drásticamente la competencia por la gestión del Coso de La Misericordia y, más aún, recorta de manera drástica el margen de operatividad empresarial justo en un momento en que la tauromaquia necesita flexibilidad, innovación y capacidad de adaptación.

La licitación nace viciada por varios motivos técnicos, como por ejemplo un estudio de valor estimado del contrato carente de rigor, según el cual se subestima por varios millones de euros el importe neto de la cifra de negocios imputable a una plaza como la de la capital aragonesa, donde la operativa durante cuatro años genera no menos de 20 millones de euros. 

Partiendo de ese error original, el legislador propone un canon de 200.000 euros que, al no estar “topado”, da pie a una subasta alcista que redunda directamente en el bolsillo de la empresa adjudicataria y, por extensión, la capacidad de ésta para programar festejos atractivos. Cuando la licitación gira en torno al ofrecimiento de un pago anual elevado, la historia demuestra que el espectáculo se acaba resintiendo, con la proliferación de carteles de menor atractivo. 

La exigencia de cerrar compromisos de toreros y ganaderías con meses de antelación y fijar fechas concretas para su inclusion en la programación de la plaza maña introduce una rigidez muy poco compatible con la dinámica real del sector. Obligar a definir carteles casi a mitad de invierno impide reaccionar ante el curso de la temporada, dejando fuera a triunfadores inesperados e ignorando los altibajos de unos y otros matadores. La empresa queda hipotecada desde febrero y, si el pliego vincula estos compromisos a causas de rescisión, el riesgo jurídico se multiplica. No es solo una cuestión de libertad y creatividad empresarial; es una cuestión de sentido común operativo.

El contraste con el modelo de Madrid en 2021 es inevitable. En Las Ventas se introdujeron dos elementos clave: un canon máximo y una política de libertad de precios. Lo primero evitó una espiral de ofertas que simplemente conduce a la descapitalización de la gestora y la depauperación de la programación. Lo segundo permitió a la empresa ajustar su política comercial, adoptando precios altos o promociones según la demanda real de las funciones. Resultado: crecimiento, captación de nuevo público y un admirable “rebote” de la afición tras una década compleja que vino seguida del parón provocado por la pandemia. 

Zaragoza debería tomar nota. La Misericordia es una plaza histórica, con más de diez mil localidades y dos ferias de enorme peso simbólico. Precisamente por eso necesita un marco que premie modelos de gestión innovadores y volcados con la creatividad que merecen las plazas más relevantes de nuestro país, pero el pliego que finalmente ha salido adelante supone todo lo contrario. 

La experiencia del periodo 2022-2025 debería haber sido aleccionadora. La empresa de Carlos Zúñiga padre ofreció la friolera de 502.000 euros por gestionar la plaza, un precio disparado sobre el alquiler mínimo, que ya de por sí resultaba elevado, al estar fijado en 180.000 euros. Atado de pies y manos por su propia oferta, el gestor de coso ha programado cuatro temporadas para el olvido. La prensa aragonesa da cuenta del fiasco: “han sido cuatro años de desastre y dejadez”, “no ha habido un solo año en que los carteles fueran dignos y las corridas estuviesen bien presentadas”, “hemos vivido entre carteles medianos y continuos bailes de corrales”, etc. 

Del ejemplo de 2014 al fiasco de 2022… y el lío de 2026

En 2013, la plaza de La Misericordia se encontraba en una situación muy grave. Con la tauromaquia en caída libre, acosada por el “lobby” animalista y lastrada por la crisis económica, el coso maño lidió asimismo con las consecuencias de varios años de mala gestión que hundieron la asistencia a la plaza. En un ejercicio de responsabilidad, la Diputación redujo el canon de arrendamiento de la plaza de 240.000 a 30.000 euros anuales, introduciendo como pago adicional una variable del 4% de los ingresos de taquilla que se activaba a partir de los primeros 500.000 euros de facturación. 

El resultado de aquella mejora fue un fuerte impulso de la programación taurina en Zaragoza. Con Simón Casas al mando, la plaza remontó el vuelo y disparó sus niveles de asistencia. En 2015, apenas dos Ferias después de la entrada en vigor del pliego de 2014, la cifra de asistencia al ciclo del Pilar se situó cerca de los 125.000 espectadores, rebasando en 30.000 el número de público presente en la histórica jornada del 11-O, cuando se celebraron cuatro festejos desde la mañana hasta la medianoche. 

¿Qué ha aprendido la Diputación del éxito de 2014 y del fiasco de 2022? Aparentemente nada, puesto que el diseño del pliego que gobernará el Coso de La Misericordia durante los próximos años levanta un sinfín de limitaciones que complican, por diseño, la “remontada” de la principal plaza de Aragón. No hay que olvidar, además, que las costumbres del propio sector taurino complican significativamente la programación de la Feria del Pilar, puesto que no pocas figuras del toreo prefieren terminar su temporada antes del 12-O y se reservan para el invierno y los compromisos en América. 

La reacción inicial de ANOET fue positiva, como también lo ha sido la decisión de Roca Rey y Juan Ortega de negarse a firmar cartas de compromiso para el concurso. Lamentablemente, la unanimidad que mostró el empresariado se rompió con la presentación de una candidatura en firme, suscrita por Ramón Valencia y la Casa Matilla. También ha remitido una propuesta Alberto García, pero el responsable de Tauroemoción ha concurrido de manera testimonial, para tener más facilidades a la hora de impugnar legalmente el pliego. En paralelo, Garcia ha presentado una reclamación ante el Tribunal Administrativo de Contratos Públicos de Aragón, al igual que han hecho otros gestores taurinos como Rafael García Garrido, Simón Casas, José María Garzón, Carlos Zúñiga hijo, Víctor Zabala de la Serna, Carmelo Garcia o Nacho Lloret. 

El tiempo dirá si estas acciones prosperan o, por el contrario, la plaza termina en manos de Pagés y Funciones Taurinas. Si ocurre lo segundo, la firma por parte de Morante de la Puebla de sendas cartas de compromiso puede servir como salvavidas de cara a la primera temporada de gestión del coso, pero ¿qué ocurrirá con el resto de la temporada y, sobre todo, en los años subsiguientes? Y, por otro lado, ¿en qué situación queda ANOET si, después de haber anunciado su rechazo en bloque, Valencia y Matilla rompen esa unanimidad y presentan su candidatura?

Etiquetas:
Opinión Tauromaquia Zaragoza
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