El torero de La Puebla del Río se ha convertido en un fenómeno de masas capaz de mover cientos de millones de euros con su temporada.
Morante de la Puebla sigue haciendo historia y firmando una brillante temporada 2026 que da continuidad a su histórico año 2025, retratado y descrito en mi libro Morante, del calvario a la gloria, que firmo al alimón junto con Javier Romero Jordano y está disponible en Ediciones Jarana.
El cigarrero va camino de cumplir 30 años de alternativa y celebrará el próximo mes de octubre su 47 cumpleaños, pero su capacidad artística y su arrebatadora personalidad han hecho de cientos de miles de aficionados de todas las generaciones se entreguen a su figura y lo conviertan en el principal reclamo del escalafón, con permiso del muy demandado torero peruano Andrés Roca Rey, a quien el propio Morante definió recientemente como su principal competidor.
Para medir el efecto de la “Morantemanía” en la temporada de 2025, los autores de Morante, del calvario a la gloria completamos un informe que fue presentado en la sede de la CEOE de la mano de empresarios como Enrique Cerezo o Rafael García Garrido. En el marco de dicho acto, se divulgó que el impacto económico asociado a su periplo en las plazas de España, Francia y Portugal durante el pasado ejercicio ascendió a 204 millones de euros a través de un total de 51 actuaciones.
En total, la ocupación media alcanzada en sus comparecencias llegó al 97,4%, con más de la mitad de sus actuaciones celebradas con el cartel de “no hay billetes” en la taquilla. En promedio, cada actuación de Morante reunió a más de 10.000 espectadores, dando buena cuenta de su innegable poder de arrastre económico.
Más de 37 millones generados en taquilla
El primer componente del impacto económico que tuvo su histórica temporada 2025 se derivó de la venta de entradas. Aplicando precios medios diferentes, según la categoría y dimensión de cada plaza, se puede estimar que el pasado ejercicio generó una facturación bruta de taquilla de 37,1 millones. De esta cifra, las plazas de primer nivel concentraron aproximadamente 23,3 millones, mientras que los cosos de segundo nivel aportaron otros 11,7 millones. Las plazas de menor capacidad completaron la cifra con algo más de 2 millones.
El precio medio ponderado se situó en torno a los 71 euros por entrada, aunque en determinadas citas la demanda superó ampliamente las localidades disponibles, alimentando además el mercado secundario de la reventa, cuyos ingresos no se incluyen en el cálculo por motivos evidentes (se trata de operaciones que no son transparentes, puesto que se dan directamente entre particulares).
La presencia de Morante justificó por entero el riesgo comercial asumido por los empresarios taurinos que desembolsaron su caché. En no pocas actuaciones, las entradas para sus actuaciones quedaban agotadas semanas o incluso meses antes de la celebración del festejo, reduciendo los costes de promoción y garantizando muy elevados ingresos de taquilla.
Su contratación también elevaba el valor económico del resto del cartel, puesto que el poder de convocatoria del diestro permitía llenar plazas que difícilmente habrían alcanzado semejantes niveles de ocupación en otras circunstancias. Combinar a Morante con toreros jóvenes resulta rentable en taquilla y permite un cierto alivio de coste al incluir en los carteles a matadores de menor trayectoria que ofrecen variedad a un precio más asequible para las empresas.
Hoteles, restaurantes y transporte
El impacto económico de Morante fue mucho más allá de las plazas de toros. Miles de aficionados se desplazaron desde otras provincias e incluso desde el extranjero para asistir a sus actuaciones, generando gasto en hoteles, restaurantes, bares, transportes y comercios.
El estudio calcula que cerca del 46% de las asistencias correspondieron a público procedente de fuera de la localidad donde se celebraba la corrida. En total, se estiman unas 191.000 asistencias de visitantes nacionales y más de 51.000 de aficionados internacionales.
El gasto turístico asociado habría ascendido a 91,4 millones de euros. De esa cantidad, los asistentes locales generaron alrededor de 8,5 millones, mientras que los visitantes nacionales aportaron 45,4 millones y los internacionales otros 37,6 millones. La relevancia del turismo taurino resulta especialmente evidente al comparar el peso de cada grupo: los visitantes foráneos representaron el 46% de las asistencias, pero generaron aproximadamente el 91% del gasto turístico asociado a la temporada.
Este efecto se dejó sentir especialmente en ciudades como Madrid, Sevilla, Pamplona o Nimes, donde una corrida de máxima expectación puede implicar varias noches de hotel, desplazamientos de larga distancia y un gasto elevado en restauración. Con todo, también hubo decenas de pueblos que se “colapsaron” por un día, al calor de su presencia.
Un impacto total de 204 millones
Al sumar la taquilla, el gasto turístico y los efectos que esa actividad genera sobre el resto de la economía, el impacto total de la temporada se sitúa cerca de los 204 millones de euros.
Tal estimación se ha realizado mediante la metodología input-output del Instituto Nacional de Estadística, que permite calcular cómo el gasto inicial se transmite a proveedores y sectores relacionados.
De acuerdo con el análisis, la temporada generó un valor añadido bruto próximo a los 93,7 millones de euros y sostuvo el equivalente a 1.720 empleos a jornada completa. El impacto medio alcanzó los 4 millones de euros por corrida celebrada y unos 389 euros de efecto acumulado por cada entrada vendida.
En términos agregados, cada 1 euro generado directamente en taquilla terminó movilizando alrededor de 5,5 euros de actividad económica. Además, la dispersión geográfica de las actuaciones amplificó además el impacto, al repartir el gasto entre decenas de municipios y economías locales, beneficiando no solamente a la economía española, sino también al tejido productivo de las ciudades de Francia y Portugal donde se anunció.
Una estimación prudente
Este cálculo central de 204 millones debe interpretarse como una estimación central. De hecho, el análisis de sensibilidad sitúa el impacto en una horquilla de entre 190 y 220 millones de euros, una horquilla que contempla posibles variaciones al alza, según la cifra de espectadores desplazados.
El cálculo no incorpora otras cuestiones como los ingresos derivados por derechos televisivos, patrocinios, cobertura mediática, compras de toros a las ganaderías seleccionadas… Por ello, el impacto económico real que alcanzó su temporada fue incluso superior de lo que sugiere la cifra de referencia de los 204 millones.
Los números confirman, en cualquier caso, que Morante de la Puebla trasciende ampliamente la dimensión estrictamente taurina. Su temporada 2025 no solo llenó las plazas: también llenó hoteles, restaurantes y comercios, convirtiendo al torero sevillano en uno de los grandes motores económicos y culturales del circuito taurino. Y, a juzgar por lo visto en 2026, la tónica se mantiene en la presente temporada, extendiendo así el alcance del fenómeno.

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