Tomás Rufo: “A veces vamos tan concentrados que parece que somos antipáticos, y no lo somos” 

por | 16/02/2026

Tomás Rufo fue hace un lustro una de las sorpresas. Llegó y arrasó en triunfos en las plazas importantes, las que ayudan a dar los saltos verdaderos. Ahora ya está en otra etapa. Sabe que ya no le sirve lo mismo.

—¿Por qué es importante esta temporada?
—Ya no soy la novedad de mis primeros años. Ya no soy “el nuevo”. Pero para mí es una temporada clave porque he llegado a un punto de madurez en el que tiene que decidir: o se queda donde está o da un paso al frente. Este año estamos apostando fuerte, lidiando otro tipo de ganaderías, entrando mano a mano y en carteles con figuras y toreros que aprietan. Estamos poniendo toda la carne en el asador para situarnos donde queremos.

—¿Le da miedo quedarse donde está?
—Miedo no. Me considero una persona afortunada. Desde que tomé la alternativa he ocupado puestos importantes en todas las ferias. Pero soy ambicioso. Aunque esté en un buen momento, quiero ser un torero imprescindible, y todavía no estoy ahí. No tengo miedo, pero sí aspiraciones más grandes.

—Siempre se habla de la suerte en el toreo. ¿Qué papel ha tenido en su carrera?
—He tenido golpes de suerte y creo en ella, pero siempre acompañada de trabajo, sacrificio y constancia. Desde la alternativa he tenido tardes importantes en plazas como Sevilla, Madrid o Pamplona que me han mantenido arriba.

—¿Pesan más los triunfos en plazas de primera categoría?
—Muchísimo. En esas plazas se pasa muy mal porque uno sabe lo que se juega. Un triunfo o un fracaso pueden marcarte. Madrid, por ejemplo, te puede dar mucho o te puede quitar mucho. Por eso cuando se triunfa en esas plazas se respira, se coge aire y uno se tranquiliza.

—¿Hoy es más difícil triunfar que antes?
—Para mí sí. Antes había una corriente muy a favor porque era novedad. Ahora uno es más conocido, le exigen más y no se conforman con lo correcto. Cuando el público sabe hasta dónde puedes llegar, te pide ese nivel siempre.

—¿Siente que se está acercando al torero que tiene en la cabeza?
—Sí. Estoy en un momento de madurez, centrado en mi concepto y en lo que quiero conseguir. Al principio todo pasa muy rápido y no paras a analizarte. Ahora soy consciente de lo que tengo que mejorar y en qué debo madurar.

—¿Cómo se afrontan los fracasos?
—Son golpes de realidad que te colocan en tu sitio. En el toreo, por desgracia, la mayoría de las tardes no son redondas. Por eso hay que saborear mucho los triunfos, sobre todo en las plazas importantes.

—¿En qué punto de su vida y de su carrera se encuentra actualmente?
—Empecé con 14 años a matar mis primeros becerros y guardo recuerdos muy bonitos. A veces echo de menos esa inocencia. De novillero disfrutaba más, toreaba sin presión, sin pensar en cortar orejas o en Madrid. Ahora se lleva un peso encima y cuesta más disfrutar.

—¿Qué ha sido más difícil: llegar o mantenerse?
—Mantenerse. Llegar cuesta, pero sostenerse arriba exige regularidad, cabeza y mucha constancia.

—¿Qué versión de Tomás Rufo no se ve en la plaza?
—Intento ser natural, pero muchas veces la presión te cambia. En Madrid o Sevilla vas tan concentrado que parece que somos antipáticos, y no lo somos. Es la tensión. Me gustaría poder ser más yo mismo.

—¿Cuál considera que es su principal punto débil?
—Las críticas. Cuando la gente se pone en contra y uno está dando todo lo que tiene, psicológicamente afecta. Es algo que tengo que trabajar. También me pesa la incertidumbre cuando no puedo entrenar en el campo. Cuando llego a un compromiso sabiendo que he entrenado bien, voy mucho más tranquilo.

—¿Qué significa Madrid en su carrera?
—Madrid me sacó como novillero. Toreé tres tardes seguidas, corté orejas y salí a hombros. He vivido de todo allí: puertas grandes y tardes durísimas. Siempre voy con respeto y miedo, pero es una plaza especial y fundamental en mi carrera. Me ha dado estatus.

—¿Cómo se trabaja el aislamiento mental en una plaza tan exigente?
—La ilusión con la que se prepara Madrid lo supera todo. Pero una vez allí hay que hacer un trabajo psicológico para evadirse. Se oye absolutamente todo. Solo se puede poner todo de tu parte y confiar.

—¿Siempre se consigue dar el cien por cien?
—No siempre. Hay tardes en las que se da el 200% y otras en las que vienes más relajado después de un triunfo. Dar el máximo absoluto cincuenta tardes al año es imposible. Esa versión sale diez o doce veces por temporada.

—¿El valor se puede entrenar?
—Se mentaliza. El valor es parte natural y parte mental. No se trabaja en el salón ni con el carretón. Se desarrolla delante del animal.

—¿Alguna vez ha querido cruzar una línea y no ha podido?
—Siempre lo he conseguido, aunque se sufre. A todos nos cuesta dar pasos al frente. Pero cuando ves a compañeros que ya lo han conseguido todo y siguen apretando, te dices: si ellos lo hacen, ¿cómo no lo voy a hacer yo con 25 años?

—¿A qué le tiene más miedo: al toro o al fracaso?
—Al fracaso. Mi miedo es quedarme atrás. No preparo una tarde para que no me coja el toro, sino para que no pase nada de lo malo que imagino: no cuajar un toro, fallar con la espada.

—¿Qué es lo que más le obsesiona de su toreo?
—La despaciosidad. Torear despacio es lo máximo. Cuando alguien dice que toreaste al ralentí, eso es lo mejor. Torear despacio implica hacerlo todo bien y tener mucho valor. Hoy el toreo de arte y la despaciosidad están marcando el paso de la temporada, encabezados por Morante.

—¿Qué opinión le merece la prohibición de menores en los festejos taurinos?
—Me parece un atraso. Es otro parche político. Yo empecé con 14 años. ¿Quién es nadie para quitarle la ilusión a un niño que quiere ser torero? ¿Por qué el toreo siempre tiene que ser el señalado? Espero que no salga adelante.

Etiquetas:
Entrevista Tauromaquia Tomás Rufo
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