Carlos Zúñiga González (Valladolid, 1977) es un empresario que hace más que lo que vende; que es más que lo que representa. Su gran labor en territorios temporalmente hostiles como Gijón es poco reconocida, y apenas se tiene en cuenta que su nombre estuvo detrás de espectáculos memorables como el del año pasado en Aranjuez; o de acontecimientos históricos como aquel de los seis veraguas de Morante en El Puerto de Santa María. A veces se queja de ser poco valorado, y no le falta razón.
Como última muestra, las cuatro (de cuatro) tardes que ha contratado al genio de La Puebla del Río en la Plaza Real, un hito que nos retrotrae a una época que no llegamos a conocer, y en la que las más grandes figuras llegaban a torear, como ahora hace Morante, incluso todas las corridas de una feria. Quizá desde los tiempos de Manolete no se había vuelto a ver algo así.
Aficionados y profesionales andan enfrascados en discusiones acerca de la conveniencia de semejante apuesta, genial a la vez que diabólica pues de aquí al verano falta mucho y ya veremos cómo llega el maestro a la cita. Pero al margen de estas elucubraciones, lo inobjetable es que Carlos Zúñiga ha sido el único empresario capaz de programar algo realmente excepcional en lo que va de temporada.
Una apuesta audaz, verdaderamente arriesgada, pero a la vez histórica. Y un logro que evidencia no sólo la osadía del dúo Morante & Zúñiga, sino la credibilidad de este último para convencer al maestro sevillano. Dice mucho de su labor, no en este momento puntual sino a lo largo de los años, pues la credibilidad no se gana en cuatro días.
Lo más difícil ya está hecho, pero si ahora huye del sota caballo y rey de otras ferias y logra combinar las piezas restantes para que los carteles tengan un verdadero plus de interés al margen del genio de La Puebla, entonces se convertirá en el empresario de la temporada. A la espera de nuevas noticias, de momento este póquer no es sólo de Morante, sino también y sobre todo, de Carlos Zúñiga.

Volver








