El esplendor de las fallas y la decadencia de todo lo demás

por | 19/03/2026

Hubo un tiempo en que la Feria de Julio era el serial taurino más importante de Valencia. Y de España. Hasta que no empezó a crecer la Feria de San Isidro madrileña en los años sesenta, la valenciana Feria de Julio era la que más festejos ofrecía. Por aquél entonces las Fallas eran muy cortas, solamente de tres corridas. El serial importante, de diez corridas de toros, se celebraba en julio. Por cierto, en aquél entonces la plaza de Valencia era de temporada, con novillada todos los domingos.

La primera corrida fallera tuvo lugar el sábado 19 de marzo de 1921, aprovechando el enorme tirón que entonces tenía Manolo Granero, un diestro valenciano que sabía tocar el violín y del que decían iba a suceder a Joselito. Saleri II y Chicuelo completaron el cartel y los toros fueron de Guadalest. Al día siguiente hubo una novillada en la que toreó Marcial Lalanda. Esa fue la primera Feria de Fallas de la historia, porque hasta entonces no existía la costumbre de dar toros en esas fechas en Valencia. Durante muchos años la Feria de Fallas fue muy corta, mientras que en julio se anunciaban diez o doce corridas de toros continuadas.

Nueva Plaza de Toros de Madrid Sociedad Anónima, además de construir la plaza de Las Ventas y administrarla durante cuarenta años, gestionó otras muchas plazas de toros, Valencia entre ellas. En 1968 hizo una reforma muy importante en el coso, quitando el muro exterior que le rodeaba y por tanto dando al edificio la bellísima fisonomía actual. Para celebrarlo organizó en Fallas siete corridas de toros. Nunca esta feria había sido tan larga. Se trató de un experimento puntual porque rápidamente volvieron a organizar ferias de Fallas cortas mientras se volcaban con la Feria de Julio. El año 1979 fue nefasto para Nueva Plaza de Toros de Madrid S.A, porque perdió a la vez la gestión de los cosos de Madrid y Valencia. Una empresa todopoderosa en el mundillo taurino, se desmoronó de repente como un castillo de naipes. Su último gestor, Fernando Jardón, no dejó buen recuerdo en el mundillo. Nadie perdonó a esta empresa la demolición de El Chofre donostiarra en 1973, coso de su propiedad. Aquello fue un crimen.

Fueron los hermanos Camará en compañía del matador retirado Pedro Martínez “Pedrés”, los que se hicieron cargo del coso valenciano en 1979. Para la primera Feria de Fallas que organizaron, anunciaron hasta nueve festejos en días consecutivos. Esta fue la primera feria fallera de largo metraje. Es a partir de ese momento cuando las Fallas se convierten en la primera y más importante feria de Valencia. El serial fallero se ha ido reforzando progresivamente mientras poco a poco se iba vaciando de contenido a la Feria de Julio y también a la temporada. El año pasado, con la excusa de cambiar el alumbrado eléctrico (excusa que nadie se creyó) la Feria de Julio no se celebró. Pero en los últimos años había quedado reducida a tres corridas de toros y una novillada, unas cifras absolutamente modestas en comparación con el esplendor de antaño. Con respecto al resto de la temporada, ya no existe. Se cubre el expediente con la celebración de una novillada en mayo y otra en octubre, apenas nada.

La decadencia de la Feria de Julio y la supresión de la temporada valenciana se debe a múltiples factores de difícil análisis. Es evidente que los sucesivos gestores que han regentado el coso valenciano, como empresas mercantiles que son, han influido para que los sucesivos pliegos fueran suprimiendo poco a poco los festejos no rentables. Los pliegos los ha hecho la Diputación Provincial, propietaria del coso. Por tanto, los han hecho los políticos, siempre con mirada oportunista, sin ideas claras y sin ninguna visión a largo plazo. Tanto bandazo no ha beneficiado en nada a la plaza.

Pero también existen muchos factores de índole sociológico que no son imputables ni a las empresas ni a los políticos. Cuando no existían los coches ni las segundas residencias, la gente no salía de la ciudad prácticamente nunca, y el ocio que tenían más a mano eran los toros. Por otro lado, los toros competían con muy pocas diversiones, cuando ahora la oferta de ocio es inabarcable. La gente no tenía ningún problema en sentarse en un tendido de sol a cuarenta grados en julio, porque aquello no era más incómodo que sus casas, gélidas en invierno y tórridas en verano. Los que trabajaban en el campo a la intemperie, siempre expuestos a las inclemencias del tiempo, no tenían ningún inconveniente en sentarse al sol en verano. Ahora todo esto es impensable. Y fuera de Fallas la gente se queda en casa. Menos mal que envueltos en el ambiente festivo que se respira en el mes de marzo, sí que siguen yendo a los toros en Fallas.

A mí me gustaría que la Feria de Julio recuperase su antiguo esplendor y que la plaza de Valencia volviera a ser de temporada. Pero soy consciente de que todo esto es muy difícil. Reconozco que yo no tengo la fórmula mágica para conseguirlo. Pero lo que sí pediría a los políticos que hacen los pliegos, es que miren a la plaza de Valencia con el mismo cariño con el que miran a las actividades culturales o deportivas, esa debería ser la actitud. Y que en los pliegos, en lugar de dinero, exigieran muchos y buenos festejos. Es indiscutible que las Fallas ahora mismo son la gran feria de Valencia, y así debe ser. Pero es deseable que la temporada valenciana no quede reducida al mes de marzo. Por último una propuesta. ¿Por qué no hacer una gran feria de fin de temporada a finales de septiembre o a principios de octubre una vez pasados los calores del verano?

Etiquetas:
Domingo Delgado de la Cámara Opinión Tauromaquia
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