El precio de ir a los toros en 1869 y las lecciones para las empresas taurinas de hoy

por | 29/05/2026

La Biblioteca Nacional de España conserva en su hemeroteca digital un cartel de toros de excepcional interés histórico. Se trata del anuncio oficial de la primera corrida de la temporada de 1869, celebrada el domingo 4 de abril en la Plaza de Toros de Madrid, la llamada plaza de la calle de Alcalá , el coso que precedió en más de seis décadas a Las Ventas, inaugurada en 1931.

El cartel, que sabemos fue diseñado por Montero, anuncia seis toros de la ganadería de Elías Gómez, de Colmenar Viejo, con divisa azul y blanca. La corrida comenzaba a las 4 en punto, tres horas antes de lo que vemos hoy en San Isidro. Se anunciaba la participación de El Tato, Lagartijo y Frascuelo, amén de picadores como José Marqueti o José Calderón. 

El trío de espadas merece ser tomado en cuenta. El Tato, Lagartijo y Frascuelo: tres figuras cardinales del toreo del siglo XIX, tres nombres que vertebran la historia del arte de lidiar tanto como los de Belmonte o Manolete en el siglo siguiente. Ver a los tres juntos en un mismo cartel no era, ni en 1869, cosa de todos los días, de modo que la corrida en cuestión se desarrolló en base a un presupuesto de contratación de toreros muy superior al habitual. 

El cartel detalla con precisión el precio de cada localidad en tres áreas diferenciadas: sol, sol y sombra, o sombra. La unidad monetaria de la época era el real de vellón, no la peseta, adoptada formalmente en 1868, pero aún de uso incipiente en la cultura popular, de modo que los carteles aún aludían a la vieja divisa. Un real equivalía a 0,25 pesetas; cuatro reales hacían una peseta. 

Para convertir estos precios a euros de 2025 no existe un tipo de cambio directo. El método más razonado es el del poder adquisitivo relativo, determinando cuántos jornales de un trabajador medio costaba cada entrada. Sabemos que, en 1869, el jornal de un peón urbano oscilaba entre 6 y 8 reales por día de trabajo. Esto permite calcular el porcentaje del salario medio diario que representaba el coste de cada localidad, y en base a este ejercicio, nos abre la posibilidad de aplicar el mismo porcentaje a los sueldos actuales, obteniendo así una cifra comparable.

Las cifras que se muestran en la próxima tabla, en euros de 2026, son aproximaciones por poder adquisitivo, no conversiones monetarias directas. Se toma como referencia un jornal de 7 reales en 1869 y un salario diario bruto equivalente de 2025. Los resultados de este ejercicio son los siguientes:

La conclusión es rotunda: ir a los toros en 1869 era, en términos de poder adquisitivo, claramente más barato que hacerlo hoy, tanto en las localidades populares como en las más costosas. Esto es especialmente relevante si tenemos en cuenta que Madrid era, y sigue siendo, un raro ejemplo de asequibilidad, en la medida en que los salarios en la capital han tendido a ser mayores y el mayor aforo de sus recintos taurinos ha permitido cobrar entradas menos costosas. 

El espectáculo se ha encarecido de forma sustancial a lo largo del tiempo, pero también es importante tomar en cuenta que, en comparación con 1869, la fiscalidad de 2026 tiene una incidencia mucho mayor. No en vano, la presión fiscal de la segunda mitad del siglo XIX rondaba el 10% del PIB, casi cuatro veces menos que hoy. 

El actual auge del toreo no puede invitar a la autocomplacencia. Los toros compiten ahora con muchas más propuestas culturales alternativas, de modo que los precios no pueden escalar sin efecto en la demanda potencial de asistencia a las plazas. El exitoso experimento de los tendidos jóvenes a la hora de atraer afición con precios bajos confirma que la Fiesta tiene un enorme potencial y es capaz de seguir arrastrando a las nuevas generaciones – pero en el sector sigue defendiéndose con frecuencia que es mejor meter a 3.000 personas pagando 60 euros que a 6.000 espectadores abonando 30 euros, cuando lo cierto es que, mirando por la prevalencia de un espectáculo que algunos quieren prohibir, lo segundo ofrece idéntico resultado económico, pero más arraigo y aceptación social. 

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Precio Tauromaquia
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