Desde hace 110 años, la fiesta del Corpus en Sevilla siempre fue una de las fechas más señaladas en el calendario taurino. No en vano, durante la festividad del Corpus tomaron la alternativa toreros como Cayetano Ordóñez «Niño de la.Palma» (1925), Pascual Márquez (1937) o Manolo González (1948).
A partir de los años 60, tras la faena al célebre toro de Tassara, será una de las fechas predilectas del Curro Romero, con momentos cumbres en la dilatada carrera del Faraón de Camas.
Por eso, siempre hubo tardes de toros de enorme éxito y otras, también, que trascienden el resultado, las orejas cortadas, o que -simplemente- están más allá de las estadísticas. Tardes que quedan suspendidas en la memoria colectiva porque reúnen a toreros capaces de convertir la lidia en una atmósfera irrepetible. Así ocurrió en el Corpus de Sevilla de 1981, cuando Curro Romero, Rafael de Paula y Manolo Vázquez se dieron cita en la Maestranza con los torosde Bernardino Piriz. Y algo parecido es lo que se espera, también, el próximo 4 de junio de 2026, con la comparecencia de Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado en el mismo escenario, la Plaza de toros de Sevilla. Dos carteles separados por cuarenta y cinco años, pero unidos por un mismo concepto: el arte como razón de ser del toreo.
El Corpus de 1981, Curro, De Paula y Manolo Vázquez
La corrida del Corpus de 1981 ocupa un lugar privilegiado en la historia más reciente de la Real Maestranza de Caballería. Aquella tarde reunió a tres toreros cuya personalidad estaba muy por encima de cualquier consideración numérica. Curro Romero era ya el mito vivo de la tauromaquia sevillana; Rafael de Paula representaba la inspiración imprevisible y genial de Jerez; y Manolo Vázquez, encarnaba la pureza clásica de una escuela irrepetible. El festejo quedó grabado para siempre en la memoria de los aficionados por la emoción que generó y por momentos de una inusual belleza, especialmente en un tercio de quites que todavía hoy se recuerda como una de las grandes páginas del toreo sevillano, como dejara escrito el poeta José Bergamín, presente como espectador. Manolo Vázquez terminó saliendo por la Puerta del Príncipe, pero el verdadero triunfo fue colectivo: la sensación de haber asistido a una tarde histórica.
Lo más llamativo es que aquel cartel de 1981 (el denominado cartel capicúa 18-6-81, con aquellos toros de Piriz) no estaba construido sobre el poder ni sobre primeros puestos del escalafón. Era un cartel de sensibilidad. Los tres espadas pertenecían a esa categoría de toreros que no garantizan triunfos matemáticos, pero sí la posibilidad de alcanzar momentos de inspiración capaces de justificar toda una vida o todo un año como aficionado. Eran toreros de culto, de ésos a los que se va a ver por lo que pueden llegar a hacer más que por lo que efectivamente hacen.
Exactamente ese mismo espíritu es el que parece presidir el Corpus de 2026. La empresa sevillana Lances de Futuro ha recuperado una fecha señalada con el auge que tuvo tiempo atrás, y devolviendo al Corpus una corrida con personalidad propia. La elección del cartel no puede ser más significativa: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado, con toros de García Jiménez. Tres nombres que representan, cada uno a su manera, la defensa del toreo artístico en estos tiempos.
Las comparaciones son inevitables. Si Curro Romero era el gran referente de la inspiración sevillana en 1981, Morante ocupa hoy una posición similar, como heredero del trono. Como el Faraón de Camas, Morante es un torero que cada cita despierta una extraordinaria expectación, incluso antes de enfundarse el traje de luces. A su alrededor gira buena parte de la ilusión de la afición actual, con muchos jóvenes y grandes partidarios. Juan Ortega, con su concepto clásico, pausado y cadencioso, evoca esa búsqueda de la perfección estética que siempre caracterizó a Rafael de Paula, siguiendo la herencia trianera de aquellos intérpretes como «Cagancho» o Francisco Vega de los Reyes «Curro Puya». Y Pablo Aguado, sevillano de naturalidad exquisita, recuerda en cierto modo la elegancia y el clasicismo que representaba Manolo Vázquez.
Naturalmente, cada época tiene sus códigos y sus protagonistas. Nadie puede reproducir la personalidad irrepetible de Curro, de Rafael de Paula o del Brujo de San Bernardo, Manolo Vázquez, como tampoco nadie puede copiar la singularidad de Morante, la de Juan Ortega o la de Pablo Aguado. Sin embargo, el paralelismo surge de manera espontánea porque ambos carteles responden a una misma filosofía: reunir a toreros que entienden la tauromaquia como creación artística.
Por eso la relevancia del próximo 4 de junio va mucho más allá de una simple corrida de toros. Sevilla recupera una fecha emblemática y lo hace con un cartel que conecta directamente con una de las tardes más legendarias de su historia reciente. El aficionado acudirá a la Maestranza con la misma sensación que pudo experimentar en 1981: la incertidumbre de no saber qué ocurrirá y, precisamente por ello, la esperanza de poder asistir a algo irrepetible.
Porque los carteles de arte no se miden por las estadísticas. Como en la fiesta religiosa, aumentan la fe y se miden por los recuerdos y sensaciones que dejan… Y tanto el Corpus de 1981 como el Corpus de 2026 nacen bajo esa misma premisa: la posibilidad de que, durante unos instantes, la Maestranza vuelva a convertirse en templo sagrado, donde el tiempo se detiene y el toreo alcanza la categoría de memoria permanente, mientras resuenan las campanas de la Giralda entre una alfombra de romero en honor al Santísimo Cuerpo de Cristo.
Vive la Corrida del Corpus de Sevilla en directo en OneToro TV.

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