Onetoro TV televisará las cuatro novilladas por primera vez en la historia de la televisión
La plaza de la Real Maestranza de Sevilla no solo es escenario de las grandes figuras del toreo, sino también el lugar donde cada verano se escribe una de las páginas más ilusionantes de la Tauromaquia: las novilladas sin caballos, conocidas tradicionalmente como los festejos de promoción. Se trata de un certamen que, desde hace décadas, ha servido para descubrir y proyectar a los nuevos valores del escalafón, convirtiéndose en una de las competiciones más prestigiosas para los aspirantes a matador.
Estos festejos nacieron con el objetivo de ofrecer una oportunidad a los alumnos de las escuelas taurinas y a los jóvenes novilleros sin picadores. La Maestranza, consciente de la importancia de cuidar la base del toreo, abrió sus puertas a estos toreros en formación, creando un ciclo que con el tiempo se ha convertido en una auténtica tradición del verano sevillano. Cada edición reúne a los novilleros sin caballos más destacados del panorama nacional e internacional, configurando un escaparate privilegiado para quienes sueñan con abrirse camino en una profesión tan exigente.
Las noches de julio en Sevilla poseen un ambiente especial. Los tendidos de la Maestranza se llenan de aficionados, familiares, compañeros de escuela y curiosos que acuden para descubrir a las futuras figuras del toreo. A diferencia de otros festejos, las novilladas de promoción se desarrollan con un carácter competitivo. Los participantes se enfrentan a novillos de distintas ganaderías y un jurado especializado selecciona a los más destacados para disputar la gran final.
La importancia de este certamen no reside únicamente en el prestigio de triunfar en Sevilla. Históricamente, el vencedor de las novilladas sin caballos obtenía como premio la oportunidad de ser anunciado la temporada siguiente en las novilladas con picadores de la propia Maestranza. Esa recompensa suponía un impulso decisivo para cualquier carrera, ya que debutar con picadores en Sevilla significaba entrar por derecho propio y acartelarse en uno de los abonos taurinos más importantes del mundo.
El ciclo se ha convertido en un auténtico vivero de talentos, donde se valoran el concepto del toreo, la personalidad, el valor y la capacidad para interpretar el arte de Cúchares ante la exigente afición sevillana. La Maestranza siempre ha sido una plaza donde el triunfo se conquista con autenticidad, y eso confiere a las actuaciones de estos noveles un valor añadido.
La estructura del certamen se ha mantenido prácticamente inalterable a lo largo de los años. Varias novilladas clasificatorias dan paso a una gran final en la que participan los triunfadores de las primeras jornadas. Para muchos jóvenes supone además la primera vez que se visten de luces en una plaza de primera categoría y sienten la responsabilidad de actuar en un escenario cargado de historia. No en vano, en una de aquellas novilladas nocturnas de 1937 debutó un rubio de San Bernardo llamado Pepe Luis Vázquez, llamado a convertirse con el tiempo en una de las cumbres del toreo sevillano.
En la actualidad, el ciclo mantiene viva esa filosofía de promoción y apoyo a los nuevos valores, heredera de aquellos festejos populares que antaño se celebraban en la plaza de La Pañoleta y que servían de trampolín a los toreros que soñaban con abrirse camino. La celebración de una nueva edición confirma la consolidación de una iniciativa que forma parte inseparable del calendario taurino sevillano y que cada año sigue despertando ilusión entre aficionados y profesionales.
Porque las novilladas sin caballos de Sevilla son mucho más que un simple certamen. Constituyen una tradición profundamente arraigada en la historia de la Real Maestranza y un símbolo del compromiso de la ciudad con el futuro del toreo. En ellas se mezclan la ilusión de los jóvenes, la exigencia de la afición y el peso de una plaza legendaria que, año tras año, continúa ofreciendo una oportunidad única a quienes sueñan con alcanzar la gloria.
Cuando cae la tarde sobre el Arenal, el barrio se llena de torería. Aparecen las camisas cubanas, el aroma de los habanos y los sueños de maletillas que parecen salir de un viejo esportón. Son noches de esperanza y de aprendizaje, de primeras ovaciones y también de silencios.
El ciclo «Rumbo al Futuro» es precisamente eso: una puerta abierta a los toreros del mañana, un puente entre la ilusión y la realidad, que junto a las cámaras de Onetoro TV convertirán este ciclo en cuatro festejos de enorme repercusión a nivel internacional. Los dias 25 de Junio, 2, 9 y 16 de julio, dieciocho jóvenes que embarcarán en esta aventura de redescubrir nuevos horizontes en un escenario único y con el trampolín de la televisión más taurina, Onetoro TV.
Porque, al fin y al cabo, Sevilla siempre ha sabido mirar al porvenir sin dejar de honrar su memoria.
Novillada de noveles
Todos los jueves del mes de julio
se celebran en la plaza de toros
las novilladas de promoción,
donde se les da la primera oportunidad
a muchos jóvenes que intentan abrirse camino
dentro del planeta taurino.
El barrio del Arenal
se llena de torería,
de camisas cubanas y de humo de habano,
de sueños de maletillas
que salen de un viejo esportón.
Novillada de noveles,
donde los chiquillos sueñan
triunfar en la Maestranza
en las noches veraniegas
mientras que se asoma al palco
la luna corniveleta.
Novillada sin caballos,
ay, torerillos de seda,
y el río es testigo mudo
que refleja a mil estrellas
mientras la Giralda ríe
y presume en la barrera.
Nocturna de novilleros
con capote y con muleta,
memoria de aficionados
que los carteles conservan
donde se anuncian erales
de divisa ganadera
para gloria de seis niños
de seis distintas escuelas.
¿Quién no recuerda los años,
sus nombres, su procedencia?
El Cartujano y Benítez,
Joselu la Macarena,
la hondura de Antonio Punta,
Luis Vilches, temple de Utrera,
Andana, pinturería,
el valor de Juan Contreras,
el extremeño Solís,
y ahí quedan las faenas
de esos chavales artistas:
la clase de Curro Sierra,
el poderoso Almensilla
y Vicentito Varela,
tres novilleros punteros,
tres toreros de bandera
que dejaron sobre el ruedo
sus esencias marismeñas.
Turistas en los tendidos
con puristas se entremezclan,
con el que trae el bocadillo,
con el que está en la barrera
o el partidario que sigue
a una futura promesa
y que en sus localidades
están pidiendo la oreja
a un novillero valiente
mientras las mulillas llegan…
—Qué bien ha “estao er chavá”…
—“Pa mi, la mejó faena…
—¡Una oreja Presidente!,
le piden con insistencia.
Y el Presidente, muy serio,
que no quiere o no se entera…
El chiquillo, sollozando,
va dando al ruedo una vuelta.
Son las cosillas que pasan
en la Sevilla torera
de un “cartucho de pescao”
y naturales de seda.
Novillada de noveles,
donde los chiquillos sueñan
triunfar en la Maestranza
en las noches veraniegas
mientras que se asoma al palco
la luna corniveleta.
Rafael Peralta.

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