Elogio a las ferias del norte

por | 22/07/2026

Las ferias taurinas del norte de España se desarrollaban en verano, en los tres meses que transcurren entre San Pedro, a finales de junio; y San Mateo, a finales de septiembre. Eran tres meses de gran actividad taurina en un radio de doscientos kilómetros. Llamaban a Burgos la Puerta del Norte, porque era la que rompía el fuego en los últimos días de junio. A la semana siguiente llegaban los sanfermines de Pamplona, la feria taurina más internacional y más conocida fuera de nuestras fronteras.

Para Santiago llegaba Santander, una preciosa ciudad llena de encantos, que a partir de los años ochenta consiguió poner su feria taurina prácticamente al mismo nivel que Pamplona y Bilbao. Coincidiendo con Santander se celebraba la feria de Tudela, en la Rivera Navarra, a la que llamaron la feria de las figuras por la potencia de los carteles que durante muchos años confeccionó la empresa Chopera. El último día del mes de julio, empezaba la feria de Azpeitia, en honor a San Ignacio de Loyola, un bucólico rincón en la Guipúzcoa profunda en la que se siente auténtica veneración por la Fiesta de los Toros. 

El cinco de agosto daba comienzo la feria de Vitoria en honor a la Virgen Blanca. La feria de Vitoria tenía grandes similitudes con Pamplona, debido a la alegría que derrochaban las cuadrillas de blusas. Y para la Virgen de Agosto, tenía lugar la Semana Grande de San Sebastián. El coso del Chofre, inaugurado en 1903, era uno de los más bellos de España. Y en sus tendidos se sentaba lo más selecto de la afición. Eran abonados del Chofre muchos aficionados madrileños y muchos ganaderos salmantinos. Los toros se vivían en un ambiente elegante a la vez que exigente. El Chofre fue demolido en 1973. Fue un crimen monstruoso debido a la especulación urbanística. Nunca debió consentirse la demolición de tan bello coso. Pero Manolo Chopera no descansó hasta dar a San Sebastián otra plaza de toros, el coso de Illumbe, inaugurado en 1998.

En cuanto terminaba la Semana Grande donostiarra, empezaban las Corridas Generales de Bilbao. Durante muchísimos años esta fue la mejor feria de todo el universo taurino. Bilbao quizá no tenía la fama de los sanfermines, ni la trascendencia del sanisidro madrileño, ni el prestigio histórico de Sevilla… pero Bilbao ofrecía mejores carteles que en Pamplona y en Madrid, pero con el mismo tipo de toro. Es más, durante mucho tiempo Bilbao fue la plaza torista por excelencia. Pamplona se sumó al torismo en 1959, con la creación de la Feria del Toro. Y en Madrid empezaron a lidiarse torazos ya bien entrados los años setenta. Además, el público bilbaíno tenía una ecuanimidad que muchas veces se echaba en falta en Madrid y Sevilla. Bilbao era el lujo, que se expresaba hasta en los más mínimos detalles, desde la música hasta las banderillas de seda.

Logroño cerraba las ferias de norte a últimos de septiembre. Por impulso de Manolo Chopera, fue una de las ferias más importantes de la temporada desde finales de los años setenta. Y se lidiaba un toro imponente que nada tenía que envidiar al de Pamplona y Bilbao. El ambiente de exigencia, muchas veces superaba al de Madrid.

Los aficionados asistían entusiasmados a todas estas ferias porque los encantos eran múltiples. Además de muy buenos carteles y un toro generalmente serio (bastante más serio que el toro de los cosos andaluces o levantino), la cercanía de la costa, las temperaturas agradables y una gastronomía incomparable, hacían de las ferias del Norte, la gran cita del verano. Los toreros lo sabían y se esforzaban por dar su mejor versión. Para los ganaderos, verse anunciados en Pamplona o Bilbao, suponía estar en la élite profesional.

Lamentablemente, desde hace veinte años, la situación en el Norte se ha vuelto muy preocupante. La política más rastrera ha terminado con la Feria de Vitoria y ha puesto contra las cuerdas a las de Bilbao y San Sebastián. La feria de Logroño no es ni la sombra de lo que fue. En este caso vamos a atribuir el bajón a la crisis económica en la que lleva sumida España desde hace al menos veinte años. Otro tanto puede decirse de Tudela. Solamente se mantienen en su sitio Pamplona y Santander. El impacto de los sanfermines es tan enorme que no hay quien pueda con ellos. A pesar de que los antitaurinos llevan mucho tiempo presionando, los sanfermines son inamovibles. En el caso de Santander, es la única feria que se celebra en un ambiente político positivo y favorable a la Fiesta. Y se nota. Burgos se mantiene, pero en un nivel menos competitivo. Y Azpeitia supone un auténtico milagro gracias a la gestión desinteresada de un puñado de aficionados románticos.

El cierre de la plaza de Vitoria y la crisis de San Sebastián y Bilbao, nos llenan de preocupación. El proceso de “catalanización” de la Fiesta en el País Vasco, es evidente. Y las perspectivas políticas a corto plazo, tampoco invitan al optimismo. De momento, lo que debemos hacer los aficionados es volcarnos y acudir masivamente, porque si perdemos el País Vasco, la Fiesta recibirá un quebranto de consecuencias demoledoras. Y nosotros, no nos lo perdonaremos jamás.

Etiquetas:
Domingo Delgado de la Cámara Opinión
Telegram
WhatsApp
Instagram
LinkedIn
Share
Copy link
¡La URL se ha copiado correctamente!

Artículos recomendados

Juventud divino tesoro

Juventud divino tesoro

Los aficionados a los toros que fueron jóvenes durante la Edad de Oro, en su vejez todos coincidían en que los años de Joselito y Belmonte fueron los mejores de toda la Historia del Toreo....

Telegram
WhatsApp
Instagram
LinkedIn
Share
Copy link
¡La URL se ha copiado correctamente!