¿Qué hacemos con las novilladas?

por | 24/09/2026

Cuando llega septiembre es obligado hablar de novilladas, porque en este mes se celebran los cinco certámenes más importantes de novilladas con picadores: Villaseca de la Sagra, Calasparra, Arganda del Rey, Algemesí y Arnedo. En las tres primeras poblaciones las cosas marchan viento en popa, mientras que en Algemesí se detecta un cierto estancamiento desde hace ya tiempo; y en Arnedo la feria se ha desplomado, quedando únicamente en cuatro novilladas. Es evidente que la demolición de la plaza antigua, la inauguración de una plaza polideportivo que no gusta a nadie, el abandono de los industriales del zapato y también de los políticos, han dado un zarpazo más que preocupante a la que fue durante muchos años y de manera indiscutible, la mejor feria de novilladas de España. En los otros casos, el apoyo entusiasta del ayuntamiento y la afición local, hacen que sus respectivas ferias de novilladas tengan buena salud.

Se trata de una prueba difícil para los novilleros, ya que el novillo que se lidia suele ser ya un toro y además en puntas. Pero a mí me parece muy bien porque yo valoro mucho la integridad y la autenticidad. Y lo que no se debe tolerar es la corrida pantomima que generalmente se celebra en la mayoría de las plazas de tercera. El gran esfuerzo hecho por un puñado de ayuntamientos y por la Fundación Toro de Lidia con sus certámenes autonómicos, es digno de elogio, pero es insuficiente. En 2025 se celebraron en España 306 novilladas con picadores, cuando hace cincuenta años se celebraban el doble.

Si cogemos los resúmenes de temporada de las revistas especializadas de hace cincuenta años, y lo comparamos con la situación actual, vemos que se han dejado de celebrar muchísimas novilladas que eran fundamentales para el rodaje de los nuevos toreros. Salvo Madrid, las plazas de temporada han desaparecido. Valencia daba novillada todos los domingos, Sevilla también, y en Barcelona se daban muchas novilladas al cabo del año. Pamplona y Bilbao también programaban cuatro o cinco novilladas a lo largo de la temporada. Las plazas de la Costa Brava y la Costa del Sol tenían una temporada veraniega muy intensa, que permitía torear a muchos principiantes. De todo esto no queda prácticamente nada. En muchísimos pueblos se han dejado de dar novilladas para volcarlo todo en encierros y festejos populares. Al ser regañado, el concejal del turno se defiende: el costo de una novillada es tan disparatado, que no la puede organizar.

Es evidente que los costos se han disparado y deben ser revisados y reducidos. Pero también hay que exigir a los ayuntamientos y diputaciones propietarios de plazas de toros, que en los pliegos de concesión exijan la organización de novilladas. En lugar de pedir cánones económicos desorbitados, lo que deben exigir es una programación amplia en la que las novilladas tengan un protagonismo especial. No se debe consentir que se anuncie una feria sin su novillada correspondiente. Los primeros que deberían contribuir son los empresarios taurinos. La mayoría no organizan novilladas, y cuando organizan alguna es porque no tienen más remedio.  Se les debe exigir un mayor compromiso. Las escuelas taurinas (de las que hablaremos otro día) resuelven más o menos satisfactoriamente los primeros pasos en la profesión. Lo malo es cuando el muchacho debuta con picadores y se queda colgando en el vacío sin tener a donde acudir. Eso es lo que debemos resolver, y para resolverlo hay que organizar muchas novilladas con caballos, a las que hay que dar otro tratamiento fiscal y reducir costes de todo tipo. Aunque muchos no quieran ni oír hablar, habrá que revisar la composición de las cuadrillas…

Urge hacer una gran feria de novilladas a principios de temporada, en febrero o marzo. Sería muy bueno que fuera televisada para dar a conocer a los novilleros. Los novillos serían de las mejores ganaderías, por supuesto. Porque los certámenes de la Fundación se resuelven en pleno verano y muchos aficionados no se enteran de quien ha sido el novillero ganador; y las ferias de novilladas se celebran con la temporada ya vencida. Después llega el invierno, todo el mundo se olvida, y el novillero triunfador tiene que empezar de cero porque ya nadie se acuerda de sus triunfos. Hay que hacer una feria temprana en la que los novilleros cojan ambiente desde el principio de temporada, y eso les permita torear y anime a las empresas a organizar novilladas. Lo que no puede ser es que los chavales tengan que ir a Madrid sin estar preparados como única solución para intentar sobrevivir como toreros. Así pasa lo que pasa, que la mayoría se estrella. En este contexto, y después de todo lo dicho, resulta milagroso que todavía surjan buenos matadores de toros, sin haber toreado apenas nada… Nos hemos acostumbrado a vivir de milagros, pero de milagros no se vive eternamente.

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