Portugal, en punto muerto

por | 12/12/2025

Desde hace muchos años visito Portugal con frecuencia, y todas las temporadas presencio dos o tres festejos en tierras lusitanas. La Fiesta en Portugal es completamente singular, por ser la única que se aparta de la tradición española. Se trata de un fiesta en la que el toro no muere en la plaza, y se basa fundamentalmente en el toreo ecuestre y los forcados; mientras que en el resto de los países taurinos, el toro es estoqueado en el ruedo y el toreo a pie es el predominante. Portugal es otro mundo, he oído decir muchas veces. Pero a pesar de eso, no se libra de las dinámicas perversas ni de los problemas generales que afectan al mundo de los toros.

Actualmente son los forcados lo que sostienen la Fiesta en Portugal. Tengo la impresión de que el público soporta pacientemente las evoluciones del cavaleiro para ver a los forcados, que es lo que verdaderamente les interesa y para lo que han ido a la plaza. Los grupos de forcados amadores (son aficionados que no cobran por actuar), con su entusiasmo, su valor y su gallardía, mantienen el interés por la Fiesta. Han demostrado que son capaces por sí solos de mantener la fiesta y generar un interés. Pero se trata de un interés limitado y que comporta problemas, algunos de largo alcance. Veamos.

En primer lugar han surgido grupos de forcados por todas partes. Cualquier población del Alentejo y el Ribatejo, tiene ahora su grupo de forcados. Esto ha hecho que los grupos clásicos y de prestigio (Santarem, Montemor, Vilafranca, Lisboa y algún otro) hayan visto reducidas sus actuaciones anuales ante la avalancha de grupos nuevos que también participan. La escasa calidad de muchos de estos grupos de nueva creación, también es palpable. Tal y como están las cosas, sugiero una competición nacional de grupos de forcados, para definir la situación y que los mejores grupos, los campeones, tengan que estar anunciados obligatoriamente en la mejores corridas de la temporada.

También se aprecia una peligrosa acotación en el mapa taurino portugués. Hasta hace poco se daban toros en todo el territorio portugués. Ya no. Había plazas muy al norte, prácticamente en la frontera con Galicia, como era el caso de Viana do Castelo o Póvoa de Varzim. Ambas han sido demolidas. Creo que en el Algarve tampoco se dan toros ahora. La tremenda popularidad de Manolo dos Santos (primera figura del toreo a pie portugués) en los años cuarenta y cincuenta, hizo que se construyeran plazas en todas partes y se hablase de toros en todo el país. Mientras que ahora, los toros se celebran en el Alentejo y el Ribatejo, con el añadido las islas azores y la zona fronteriza con Salamanca. Y nada más. Los festejos se agolpan en la zona central de Portugal, pero han desaparecido en el norte y en el sur. Y esto es muy peligroso.

Necesidad de figuras

Los forcados mantienen con éxito la Fiesta en las zonas de más tradición (Alentejo y Ribatejo), pero no consiguen sostenerla en otros lugares, ni interesar por la Fiesta a la sociedad portuguesa en su conjunto. En otras palabras, Portugal necesita con urgencia figuras del toreo, tanto a caballo como a pie, para que los toros vuelvan a romper el estrecho ámbito en el que ahora se encuentran. El último cavaleiro con auténtico impacto fue Joao Moura y surgió mediados de los años setenta. Con respecto al toreo a pie, el último en generar interés fue Pedrito de Portugal, hace ya treinta años. Después la nada. Y lo malo es que no se aprecian perspectivas de cambio porque, paradógicamente, la hegemonía de los forcados supone un auténtico freno. En cuanto un cavaleiro exige un poco, se mete a otro en el cartel porque lo importante son los forcados. Con respecto al toreo a pie, prácticamente ha desaparecido. Con las limitaciones de no poder picar ni matar, el toreo a pie estuvo muy presente en Portugal durante el siglo XX. Ahora casi no existe. No se anuncian toreros de a pie porque como lo que interesa son los forcados… De esta manera es prácticamente imposible que surjan figuras. Y sin figuras, el toreo se ve constreñido en una parcela cada vez más local y cada vez más estrecha. Una Fiesta cada vez más amateur y que cada vez mueve menos dinero. Y esto no es nada bueno. Con esta perspectiva, la corrida de muerte en Portugal, ahora mismo es una quimera imposible. La cabaña brava portuguesa tampoco vive su mejor momento. Salvo las honrosas excepciones de Palha y Murteira Grave, las ganaderías lusitanas llevan años desaparecidas de la temporada española. Hace cuarenta años, el nivel de casta de la cabaña portuguesa era envidiable. Ahora no. Y es que para los forcados vale con que el toro sea grande y con mucha cara, así que se ha relajado la selección. Y las consecuencias están a la vista.

Soy un gran admirador de los forcados, porque la suerte de la pega, genuinamente portuguesa, es de un dramatismo espectacular. Además, son aficionados, no cobran, lo que les hace todavía más admirables. Y como ya he dicho, ahora tienen el mérito de sostener la Fiesta en Portugal. Pero la Fiesta, para ser verdaderamente grande, necesita figuras, tanto a pie como a caballo. Y a eso se debería dedicar el mundo taurino portugués, a buscarlas con ahínco. Sólo con ellas saldrán del aislamiento en el que ahora se encuentran, dejarán atrás esa “saudade” de recuerdo constante del pasado, y podrán disfrutar de un futuro brillante.

Etiquetas:
Domingo Delgado de la Cámara Portugal Tauromaquia
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