Hay toreros de época que no solamente llenan de contenido un festejo, sino que también provocan un verdadero zambombazo económico en aquellas localidades en que hacen el paseíllo. Morante de la Puebla pertenece, desde hace algunos años, a esa segunda categoría, la de los que no solamente venden miles de entradas, sino que además reordenan la vida de una ciudad durante los días en que torean.
La pasada Feria de Abril, las cámaras de One Toro dieron cuenta de la auténtica revolución que supuso cada una de sus comparecencias en Sevilla. En la misma línea, la temporada estival de El Puerto de Santa María ha replicado el fenómeno “morantista” en estado puro. Fueron cuatro tardes de toros, los días 2, 3, 8 y 9 de agosto, todas ellas con el cartel de “no hay billetes” colgado en taquilla. Más de 40.000 personas pasaron por la Plaza Real y, por cierto, pagaron precios mucho menores de los que se exigían hace ahora un siglo por ver a Joselito y Belmonte en el mismo recinto. Para que luego digan…
La presencia del cigarrero constituye un revulsivo artístico que impulsa toda aquella Feria donde se deja ver, pero también un activo económico con nombre y apellidos. Ya en su día comenté en esta misma bitácora que, a lo largo de 2025, su exitoso periplo por las plazas españolas movió más de 200 millones de euros. Es la “Morantemanía” que describo al alimón con Javier Romero Jordano en nuestro libro “Del calvario a la gloria” (Ediciones Jarana).
Detrás de cada tarde de toros a plaza llena hay una industria que rara vez se mira con lupa. Está el dineral de una taquilla rebosante, sí, pero también una inyección clave para la hostelería, el transporte, el comercio local y el mercado laboral. Recientemente, José Luis Pereda reflexionaba sobre estas cuestiones cuando animaba a las autoridades de Huelva a promover un mayor número de festejos en la localidad andaluza, que también viene de celebrar una muy exitosa Feria de Colombinas.
Volviendo al caso de El Puerto, sabemos que el número de abonados se triplicó al calor del “póquer morantista”. Ese salto en la fidelización se tradujo en una recaudación bruta de más de 2,5 millones de euros, que al aplicar el multiplicador correspondiente a la organización de eventos arroja un efecto económico directo cercano a los 3,8 millones. Y eso, insisto, antes de contar lo que se dejó en bares, hoteles y comercios de la ciudad.
El primer escalón es la taquilla. Con tres mil abonados a la temporada y siete mil entradas sueltas por tarde —las cuatro corridas, llenas hasta la bandera—, la recaudación bruta que se puede estimar en a base a la tabla de precios divulgada por la empresa ronda los 2,53 millones de euros. Ya solo ese dato, aplicado al multiplicador de organización de eventos, arrastra un efecto directo de en torno a 3,8 millones. Pero la taquilla y el gasto asociado a la producción de los festejos es solamente la punta del iceberg.
La parte del león aparece cuando se suma el gasto de quienes se desplazan a El Puerto para ver torear a Morante: hoteles, restaurantes, bares, comercios. Con una estimación de origen de público coherente con la estructura turística provincial, donde cerca de la mitad de los espectadores serían procedentes de la provincia y el resto se corresponderían al turismo nacional, muy abundante en la Costa de la Luz en agosto, y a un pequeño porcentaje de visitantes extranjeros, el gasto turístico asociado a las cuatro tardes se sitúa en torno a los 3 millones de euros. Tras aplicar los multiplicadores sectoriales, esos 3 millones generan otros 4,8 millones de impacto real sobre la economía gaditana.
Sumando taquilla, efecto directo asociado a la producción de la Feria, efecto indirecto del gasto turístico y gastos inducidos por el turismo en la industria local, el impacto económico total de las cuatro tardes de Morante en El Puerto de Santa María se estima en torno a 8,6 millones de euros, con un multiplicador aproximado de 3,4 veces el gasto inicial. Todo en apenas cuatro tardes de toros.
La tauromaquia debe explicarse siempre desde postulados éticos y bajo un prisma artístico, pero es absurdo desconocer el enorme impacto económico que acarrean las más grandes Ferias. Morante, con su magisterio y su capacidad de convocar lleno tras lleno, es hoy uno de los mejores ejemplos de que el toreo, cuando funciona, no solo colma de emoción las plazas, sino que también deja un auténtico “maná” de dinero en la caja de los pueblos que lo acogen, contribuyendo así a la riqueza de todos.

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